Capítulo 1 de 6
Un dolor esculpido
Estás ante una pintura que se comporta como escultura. Hacia 1435, Rogier van der Weyden dispuso diez figuras casi de tamaño natural dentro de un estrecho cajón dorado, como si un retablo tallado hubiese cobrado vida de repente. No hay paisaje ni cielo; solo este nicho dorado y atestado, y el lento, terrible trabajo de descolgar a Cristo de la cruz.
Lo pintó al óleo sobre roble para la cofradía de los ballesteros de Lovaina; mira las esquinas superiores y encontrarás pequeñas ballestas ocultas en la tracería. Todo aquí se inclina hacia una misma diagonal: el cuerpo que cae, y la madre que cae con él.